martes , 17 mayo 2022
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¿Por qué Charlie Sheen y otros contagiados con el VIH ya no temen morir de sida?

¿Por qué Charlie Sheen y otros contagiados con el VIH ya no temen morir de sida?

Cansado de los millonarios chantajes de quienes amenazaban con revelarle al mundo uno de sus más oscuros secretos, el actor Charlie Sheen decidió decir en televisión que era portador del antes muy temido VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana).

Sí, el antes muy temido. Aunque todavía sigue siendo una preocupación mayor de salud pública, hoy el panorama para quienes se infectan con el patógeno es muy diferente al que se vivía cuando se descubrió, a principios de la década de los ochenta. Antes era una tragedia y los famosos como Freddie Mercury confesaban que estaban muriendo de sida. Hoy, personas como Charlie, se declaran portadores del VIH, pero dejan fuera del alcance de los reflectores a la muerte.

Ese Caballo de Troya microscópico venido de África y que atemorizó a millones con la grave amenaza de desmontar desde adentro nuestras preciadas defensas contra las enfermedades, fue visto por muchos como un presagio apocalíptico y hasta como un merecido castigo divino. Miembros de la comunidad gay de Europa y Estados Unidos fueron los primeros contagiados con el VIH y dado que  nada se sabía sobre la enfermedad, su avance parecía fatídico e incontenible. Tal sentimiento fue retratado con crudeza en películas como ‘Filadelfia’. Tener SIDA (el efecto devastador del VIH cuando no se hace nada y este toma ventaja) era peor que tener cáncer, no sólo por la inminencia de la muerte sino también por el estigma social que el padecimiento implicaba.

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Hoy, en lo que respecta al mundo occidental, el VIH y el sida son asuntos controlados, por lo menos en la dimensión de su mortalidad. Según los datos del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida -Onusida- , hasta el 2013 se estimaba que aproximadamente 36 millones de personas en el mundo vivían con VIH. De esa cifra, en el mismo año se registraron 1.5 millones de muertes que se creen relacionadas con el virus; menos del 5% de la población infectada y la tendencia sigue a la baja.

¿Cuáles son las expectativas de vida para quienes han sido contagiados con el VIH? Si se cuenta con tratamiento constante, muy prometedoras. Cuando se dieron los primeros pasos para tratar el síndrome de inmunodeficiencia humana, las terapias iniciales estaban sólo al alcance de quien tuviera una abultada cuenta bancaria para enfrentar a esta enfermedad catastrófica. Hoy la mayoría de los sistemas estatales de salud contemplan entre sus planes de medicación las medicinas necesarias para que el virus no sólo detenga su marcha destructora sino que además sea diezmado hasta su mínima expresión.

Como Charlie Sheen lo dijo en su reciente entrevista, en él (como en muchos pacientes que llevan vidas normales) la presencia del virus es casi indetectable. La combinación de tres fármacos ha hecho posible inhibir las dos enzimas que son esenciales para la reproducción del virus: la transcriptasa inversa y la proteasa. Así las cosas y mientras haya rigurosidad en el suministro de las medicinas, quien sea portador del VIH puede vivir una vida normal sin manifestar nunca el síndrome.

El actor Charlie Sheen se declaró VIH positivo en un programa de televisión. Sin embargo, él y otros contagiados con VIH ya no ven el diagnóstico como algo fatal.

El actor Charlie Sheen se declaró VIH positivo en un programa de televisión. Sin embargo, él y otros contagiados con VIH ya no ven el diagnóstico como algo fatal.

El panorama tiende incluso a mejorar. En varias importantes instituciones del mundo se desarrollan tratamientos más efectivos, menos costosos y con una significativa reducción de los efectos secundarios. Una de esas instituciones es la Universidad Miguel Hernández, centro de investigación español donde ya se han hecho prometedores estudios clínicos con un coctel de tres medicamentos: dolutegravir, abacavir y lamivudina (DTG- ABC- 3TC).

Tales avances y la anunciada aparición de una vacuna contra el VIH hacen pensar con optimismo que en el curso de las próximas dos o tres décadas el mundo podrá declararse vencedor frente a uno de tantos males que en algún momento hicieron temer por nuestra supervivencia.

Acerca de Antonio De Ferrán

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