viernes , 19 julio 2019
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No hay por qué avergonzarse del gusto por el chisme. La ciencia dice que es natural y saludable

No hay por qué avergonzarse del gusto por el chisme. La ciencia dice que es natural y saludable

Nuestros valores, la educación y las convenciones sociales dicen que el gusto por el chisme es algo depreciable, que dedicarse a husmear en la vida de los amigos o las celebridades no es algo digno de las personas decentes. Guardadas las proporciones, el chisme es como el ‘porno’ de las charlas sociales y se comparte y se paladea en secreto.

Sin embargo, recientes hallazgos de la ciencia dan cuenta de la importante función del chisme para el desarrollo personal y hasta social de los humanos. Incluso, respetados expertos afirman que tiene ciertos beneficios para la salud pública.

Una estrategia social

Según Daniel Kruger, biólogo evolutivo de la Universidad de Michigan, el chisme no es exclusivo de los humanos. Compartimos este rasgo con ciertos primates superiores y constituye una táctica evolutiva que nos permite acomodarnos mejor en el contexto social. Kruger afirmó en una entrevista para el portal LiveScience que tal táctica consiste en estar pendientes de los individuos de alto estatus para imitar acciones o conductas que puedan resultar de beneficio personal.

Agregó también que el chisme es una manera de llevar a cabo cierto tipo de monitoreo social a través del cual se obtiene información que puede ser útil para destacarse de algún modo en las esferas sociales. El que tales conductas sean de naturaleza evolutiva hacen más fácil comprender el carácter histórico del chisme.

gusto por el chisme celebridades 01

La pasión por el chisme no es un rumor nuevo

El que los seres humanos seamos proclives a los rumores y a meter la nariz en la vida de quienes son famosos no es algo exclusivo de nuestra era mediática. Tal como lo reseña Tom Payne en su libro “Fama: lo que los clásicos nos dicen sobre nuestro culto a las celebridades” todas las civilizaciones humanas han manifestado siempre interés especial en la vida y los hechos de sus más representativas figuras sociales. De hecho,  los hechos biográficos que hoy conocemos sobre muchas de ellas contienen una significativa proporción de información que en algún momento fue un chisme o un rumor.

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Así como medio mundo está pendiente hoy de lo que hacen Miley Cyrus y Justin Bieber, sociedades de hace muchos años estuvieron al tanto de lo que hacían sus estrellas del momento. En el siglo XIX, el virtuoso pianista y compositor Franz Liszt no sólo causaba comentarios por sus maravillosas ejecuciones. La gente también hablaba de lo que él hacía fuera del escenario, a dónde iba y con quién pasaba el tiempo. En ese entonces, como ahora, no muchos estaban dispuestos a aceptar en público que la vida ajena produce una adictiva fascinación.

La evidencia de nuestro apetito chismoso

Este año, la revista Social Neuroscience reveló un estudio llevado a cabo en China sobre las respuestas del cerebro humano en presencia de un buen rumor. El gusto por el chisme es algo medible, según los expertos. Estos tomaron a un grupo de 17 estudiantes voluntarios, quienes fueron expuestos a oír rumores, negativos y positivos,  sobre sí mismos, sobre sus amigos y sobre celebridades que conocían (sobre las cuales no habían manifestado interés alguno). Cuando se les indagó sobre qué información fue la que más les agradó, la mayoría respondió que tuvo más empatía con los rumores positivos. No obstante, los escaneos cerebrales demostraron lo contrario. Sus centros del placer mostraron una actividad más fuerte con los chismes ajenos negativos. Al mismo tiempo, se reveló que sus centros cerebrales relacionados con el autocontrol se activaron ante las preguntas de evaluación, lo que indica que hicieron un esfuerzo por ocultar sus verdaderas preferencias.

gusto por el chisme celebridades 02

Lo anterior, corrobora el informe de un estudio dado a conocer por el Pew Research Center for People, según el cual desde 1986 (año en que se empezó a hacer el estudio) casi no ha variado la preferencia del público respecto a los titulares de prensa que más llaman su atención. Las noticias sobre terrorismo, guerras, desastres y, por supuesto, chismes y escándalos, son las que acaparan los primeros lugares.

¿Por qué razón lo negativo vende tanto?

Nuevamente estamos frente a un asunto de evolución y supervivencia, aunque cueste reconocerlo. Saber de los éxitos de otros quizás nos permita conocer datos útiles para replicarlo, pero saber de las desgracias de otros nos da claves para evitarlas y sobrevivir. Según una ponencia sobre salud pública de Amanda Hinnant y Elizabeth Hendrickson, expertas de la Universidad de Missouri, la preocupación popular por los males de salud que aquejan a las celebridades ayuda a enfocar la atención de las personas sobre los factores de riesgo relacionados con ciertas enfermedades. Para la muestra, este botón: el problema del sida había pasado a un discretísimo plano en los medios hasta que Charlie Sheen confesó que es VIH positivo. Las revelaciones del artista, incrementaron las búsquedas sobre el tema y en consecuencia hoy muchas personas conocen más información que de algún modo ayuda a prevenir el contagio.

Así las cosas, el gusto por el chisme no sólo es parte de la evolución social sino también un hábito que en ciertos contextos puede resultar “saludable”. Es también, como lo señala Stuart Fischer, profesor emérito de la prestigiosa UCLA, en Estados Unidos, una estrategia de escape a la cotidianidad y de cierta forma una habilidad social que nos permite establecer contacto con otros. Mucha razón tiene, porque no hay cosa que genere más interés en una reunión social que hablar de lo que todos saben sobre la vida de otros.
(Fuentes: Medical Daily, LiveScience)

Acerca de Antonio De Ferrán

Antonio De Ferrán
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