jueves , 9 abril 2020
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Nick Loeb, el ex prometido de Sofía Vergara reveló todos los detalles de la disputa de los embriones y defendió su posición

Nick Loeb, el ex prometido de Sofía Vergara reveló todos los detalles de la disputa de los embriones y defendió su posición

A través de un comunicado publicado en el New York Times, Nick Loeb, el ex prometido de Sofía Vergara, reveló todos los detalles sobre su lucha por convertirse en padre desde la época en que aún era pareja de Sofía hasta la batalla legal que hasta el momento tiene con ella por quedarse con los embriones que decidieron crear hace algunos años.

Esta es la traducción al español del texto completo publicado el 29 de abril en la sección de opinión del reconocido periódico, donde el empresario calienta la polémica sobre los derechos que deben tener tanto los hombres como las mujeres de convertirse en padres.

Ex prometido de Sofía Vergara: Nuestros embriones congelados tienen derecho a vivir

Por Nick Loeb

DELRAY BEACH, Florida.

En agosto pasado, radiqué una demanda en Santa Mónica, California, usando seudónimos, para proteger dos embriones congelados que mi ex prometida y yo creamos. Quise mantener esto en privado, pero recientemente el mundo supo de la historia. Ha llamado la atención no sólo por las personas involucradas –mi ex es Sofía Vergara, quien protagoniza la serie de ABC “Modern Family”- sino también porque la disputa de la custodia de embriones suscita importantes preguntas acerca de la vida, la religión y la paternidad.

Cuando ella y yo creamos esos embriones para el propósito de la vida, ¿no deberíamos definirlos como vida en vez de propiedad?

Cuando creamos los embriones lo hacemos con el propósito de que llegue una vida, ¿no deberíamos definirlos como vida en lugar de como propiedad? ¿El deseo de una persona por evitar la maternidad biológica (libre de cualquier obligación) tiene más peso que las creencias religiosas acerca de lo sagrado de la vida y el anhelo de ser padre? Una mujer tiene derecho a llevar a término un embarazo, incluso si el hombre lo objeta. ¿No debería un hombre que quiere asumir todas las responsabilidades paternales tener el mismo derecho a llevar los embriones a término aunque la mujer objete?

Estas cuestiones, a diferencia del aborto, no tienen nada que ver con los derechos sobre el cuerpo de cada quien, pero sí tienen todo que ver con el derecho de los padres a proteger la vida del hijo que aún no ha nacido.

En el 2013 Sofía y yo acordamos intentar usar el método de fertilización in vitro y alquilar un vientre para tener niños. Firmamos un formulario declarando que cualquier embrión creado a través de este proceso podría llevarse a término sólo con el consentimiento de las dos partes. El formulario no especificaba –como lo exige la ley de California– qué pasaría si nos separábamos. Estoy pidiendo que sea anulado.

Mis abogados han identificado otros diez casos en Estados Unidos en los que un padre ha tratado llevar a término un embrión congelado en contra de la voluntad del otro. En ocho de esos casos el padre que pedía la custodia perdió. En los otros dos casos, uno en Pennsylvania y otro en Illinois, a las mujeres les concedieron la custodia de los embriones fecundados a pesar de las objeciones del hombre. En ambos casos, las mujeres estaban bajo tratamiento de quimioterapia y los embriones fueron su último recurso para tener un hijo biológico. Los jueces han establecido que el interés de la mujer en convertirse en madre prevalece sobre el interés del padre en no serlo. En el caso de Illinois (ahora en apelación), el juez consideró que el formulario que firmó la pareja no era un contrato obligatorio, y en vez de eso hizo cumplir al hombre una promesa verbal que él le hizo a la mujer para ayudarla a tener hijos.

Muchos me han preguntado: ¿por qué sencillamente no seguir adelante y levantar una familia propia? Tengo toda la intención de hacerlo pero eso no significa que deba permitir que dos vidas que ya he creado sean destruidas o que permanezcan en un congelador para siempre.

Hasta donde recuerdo, siempre he querido ser padre. Yo tenía un año cuando mis padres se divorciaron. Mi padre ganó la custodia, y mi mamá, virtualmente, desapareció de mi vida. No la volví a ver hasta que tenía nueve años y murió cuando yo tenía 20. Eso me hizo anhelar el tipo de familia que uno se puede imaginar basado en las imágenes de una pintura de Norman Rockwell.

Mi padre, a quien amo, trabajó como financista, filántropo y diplomático. No estuvo mucho alrededor, pues el trabajo y los viajes le dejaban muy poco tiempo para ser papá. Le correspondió criarme a mi niñera católica irlandesa, Renee. A pesar de que mi padre es judío y fui bautizado en la fe episcopal, la fe de mi madre, pasé más tiempo yendo a las misas católicas con Renee que siendo influenciado por cualquier otra religión.

Cuando estaba en mis 20, tuve una novia que abortó, y la decisión quedó completamente fuera de mis manos. Desde entonces he soñado con un hijo con la edad que podría tener ahora. Después, estuve casado durante cuatro años con una mujer con quien intenté tener hijos con ayuda de un especialista en fertilidad. Las dificultades que tuvimos me hicieron sentir, más que nunca, que la posibilidad de crear una vida era algo especial. Cuando ella me dejó, lancé mi candidatura al senado del estado de Florida y mis sueños de crear una familia se hicieron trizas.

Poco después, en el 2010, conocí a Sofía. Su carrera estaba a punto de despegar, y no quería presionarla, pues quería que cumpliera sus sueños y cosechara todos los reconocimientos por los que ella trabajó tan duro. Pero después de unos seis meses de relación tuve un terrible accidente automovilístico. Me fracturé la pelvis en cinco lugares. Durante seis meses no pude caminar solo. Comprendí que la vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando nos comprometimos en el 2012, comencé a presionar por los hijos. Como expliqué en mi demanda, mi prometida insistió en que usáramos un vientre de alquiler. Con sus óvulos y mi esperma creamos dos embriones femeninos. Estaba tan emocionado cuando esas vidas fueron creadas que empecé a sugerir nombres para nuestras niñas. El primer embrión que se implantó no se arraigó. Con el segundo, el vientre de alquiler sufrió un aborto no provocado. Me sentí devastado.

Un año después, volvimos a intentar, creando dos embriones más, los dos femeninos. Pero en cuanto empezamos a discutir nuestros potenciales vientres de alquiler, fue claro que tener hijos era un asunto más urgente para a mí que para ella. Habíamos estado juntos durante más de cuatro años. Cuando estaba próximo a cumplir los 40, le di un ultimátum. Ante su negativa, nos separamos.

Pocos meses después, le pedí que me dejara tener los embriones y le ofrecí pagar todos los costos de llevar a término el proceso del nacimiento de nuestras niñas y criarlas. Si ella no quería compartir la patria potestad, yo me hubiera encargado de todas las responsabilidades y había acordado que ella se declarara una donante de un óvulo. Ella se negó. Su abogado, Fred Silberberg, le dijo a la prensa que ella quería mantener los embriones “congelados indefinidamente”. En mi opinión, mantenerlos congelados para siempre equivale a matarlos.

Este mes, Renee, la mujer que esencialmente fue mi madre, murió. Esperaba que ella estuviera viva para ver a mis hijos y jugar con ellos. Rezo que no vaya a ser muy tarde para que mi papá, quien cumpliría 85 años en mayo, pueda ver a sus nietos.

Me tomo muy en serio la responsabilidad y la obligación de ser un padre. Esto no se trata solo de salvar vidas; también de estar a favor de la paternidad.

Acerca de Sara Ackerman

Sara Ackerman
Amante del cine, el entretenimiento, los animales y la buena vida. Colaboro con elrunrun.net desde el 2014. Contacto: saraackerman@elrunrun.net
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